No sé cómo es vivir en Santiago, pero de algo estoy convencida hoy. La única ciudad posible de uno es la que compartes con quien amas. No importa si es la peor o la mejor ciudad del mundo, no importa si es fea, no importa si es incluso ajena. Tampoco importa mucho si te encuentras solo, si la tarde se te hace insoportable sin saber mucho que hacer. Si sabes qué te hace latir bien, se puede esperar sin ansiedad.

Comentarios recientes